Pan con masa madre: ¿BENEFICIO O AMENAZA?


En publicaciones pasadas se habló del pan de masa madre que se trata de un fermento compuesto por harina y agua, el cual no contiene ningún tipo de levadura añadida, sino que es la harina, con sus propios compuestos de levaduras y bacteriasla que provoca la fermentación de la masa de manera espontánea.
 En la sección del día de hoy hablaremos a profundidad del pan de masa madre, un alimento que los nutricionistas aconsejan introducir en la dieta, preferentemente en el desayuno, por sus bondades digestivas.  Es un pan con probióticos que beneficia la flora intestinal y, por tanto, ayuda a reducir la inflamación abdominal que se deriva de un microbiota alterado. 

Sabemos que los alimentos con probióticos ayudan a recuperar el equilibrio de la flora intestinal y mejoran los síntomas derivados de las digestiones alteradas. Y precisamente el pan de masa madre es uno de esos alimentos. 

¿Por qué el pan de masa madre es bueno para la salud intestinal?

Volviendo a las bondades digestivas del pan de masa madre, recordamos también las palabras de la nutricionista Leticia Carrera que ya nos confirmó hace tiempo que si bien la levadura no es un probiótico, la masa madre sí lo es. ‘El pan industrial se hace demasiado rápido. De ahí vienen todos los problemas que derivan de su consumo: intolerancias, problemas digestivos... Y se olvida por completo del papel de los lactobacilos, presentes en la masa madre durante el proceso de panificación. 
Los lactobacilos transforman la masa haciendo el pan más saludable por varios motivos: mejoran las propiedades nutricionales del pan, hacen que los nutrientes sean más biodisponibles, contrarrestan algunos anti nutrientes que hay en la harina y reducen su índice glucémico. El pan de calidad, elaborado con harinas sin refinar, usando masa madre, es una fuente básica de carbohidratos, energía para el organismo y alimento para el cerebro’, explicaba.

¿Por qué es importante cuidar la microbiota intestinal?

El pan de masa madre se une a la lista de alimentos probióticos que podemos consumir de forma habitual como yogures naturales, kéfir o encurtidos caseros. Recordemos que todo ello favorece el equilibrio de la microbiota, lo que afecta a muchos niveles. ‘La microbiota, es decir, la población bacteriana que se aloja en el intestino, tiene múltiples funciones e influencia a nivel cerebral. También modula la permeabilidad intestinal, la función inmune del intestino, la motilidad intestinal y la actividad del sistema nervioso entérico. Puede actuar a nivel cerebral alterando el comportamiento emocional, la modulación del dolor y la conducta alimentaria, siendo en parte responsable de algunos trastornos psiquiátricos, enfermedades neurológicas y obesidad. Por eso la microbiota intestinal debe estar equilibrada en su composición, diversidad y distribución para que todo funcione bien. Cuando no lo está hablamos de disbiosis intestinal y en ese caso estaremos ante una situación de vulnerabilidad intestinal que se reflejará en nuestro organismo con distintas patologías (afectación del sistema inmune, molestias intestinales con inflamación, hinchazón o distensión abdominal, digestiones pesadas y gases, e incluso problemas cutáneos). En la composición de nuestra flora intestinal o microbiota interviene lo que comemos, nuestro estilo de vida, el ejercicio y la toma de medicación’, concluye la doctora Mar Mira, de Clínica Mira + Cueto. Por tanto, invertir en un buen pan de masa madre puede ser el granito de arena que ayude en esta gran montaña que es la microbiota.



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